El día 28

Y así, se fue por el retrete.

Y así, se fue por el retrete.

Contando los días, intentando percibir cada mínimo cambio en mi cuerpo.
Náuseas, dolor de cintura, mareos… Con la sola certeza de que, para bien o para mal, las únicas responsables son mis hormonas. Esos pequeños demonios que alteran mis cambios de humor, que vienen a romper mi equilibrio y a los que mis colegas atribuyen mi máxima fuente de inspiración.
Sí, nos achacan no tener opiniones que no provengan de nuestros cambios hormonales. Sí, “una mujer como usted no puede pensar así… No es acorde a su imagen.” Aunque, por supuesto, tengo opiniones y a veces hasta ideas. Sea día 1 o sea día 28 hay opiniones que no cambian diga lo que diga cualquier médico especialista en la materia: endocrino, psiquiatra, adyurveda, …
Un pendejo es un pendejo y un machista es un machista.
En otro plano, reconozco que sí… Hay días en los que al despertar trato de que las piezas que forman mi día encajen y es como si otra vez intentara entrar en ese pantalón talla 2. No hay forma de conseguirlo. Y me sumo en una profunda tristeza mientras intento cumplir con todas mis obligaciones cotidianas de manera automática. A la mañana siguiente todo hace sentido: era el día 28. Descubrir que no estaba al borde de la depresión, que no me había equivocado en la elección de profesión o de pareja es entonces un gran alivio. La sonrisa vuelve otra vez.
Y así, mientras bendigo/maldigo esta natural sumisión a mi propia naturaleza, cuento los días.
Un día de atraso es una esperanza, es motivo de correr a la farmacia o al laboratorio, una pequeña señal puede ser LA señal (al menos en mi caso). El 15 es el 26 o ¿era el 27? ¡Esa mala costumbre de no anotarlo en la agenda!
El año pasado intenté hacerlo en clave, cual quinceañera. Dibujaba un pequeño corazón rojo en la esquina inferior del día. Después, comencé a usar otro tipo de marcas en el mismo lugar para otros temas de relevancia tales como citas al pediatra, fechas de entrega, compra del gas, el pago de la luz y así, hasta que me perdí. Quizá debiera intentarlo de nuevo.
Pero ¿qué día es 15-26 o 15-27? No. La duda se despeja en una corta visita al sanitario. Es día 1. Esa gota de sangre me marca. Me marca un fin, me marca un inicio. Al fin y al cabo, estoy expulsando lo que físicamente ya no necesito. Habrá para quienes marque un “aquí no pasó nada” (sonrisa y suspiro de alivio), para quienes sea un “ya no queda nada de él en mí” (sonrisa y suspiro de alivio o lágrima), para mí es más bien algo como “no sucedió este mes” (suspiro) o “¿ya es ese día?” (pánico al percatarse de no estar preparada… Más lejos de un tampón, imposible).
La regla, etapa en la que todos nuestros miedos, alegrías, nostalgias y esperanzas sublimes o mundanos convergen y así, sin más, se van por el retrete.

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