Hablemos de lenguaje incluyente

El español mantiene la tendencia al masculino genérico. En su orden espontáneo, el lenguaje no puede ser discriminativo, pero hay formas abstractas en las que se da prioridad al masculino.

Durante diez años, Ferdinand de Saussure fue profesor de la Universidad de Ginebra; de sus clases surgió la publicación del Curso de lingüística superior. Su preocupación, según evidencia el libro compilado por dos alumnos, era entender el lenguaje: su historia, funcionalidad y problemas.

Saussure, estructuralista, planteó el signo lingüístico: otorga un significado, que puede variar según el concepto, a una palabra y, a su vez, un significante, que se refiere a su imagen acústica; es decir, la representación mental que se tiene de la misma.

Otro de los detalles que analiza su trabajo es la diacronía y la sincronía dentro del lenguaje. La primera estudia la historia de la lengua; etimología, fonética, sintaxis y demás. Mientras que la segunda está centrada en un momento preciso.

Con este último texto, también es importante hacer la diferenciación, también propuesta por él, entre lengua y habla. Términos complementarios: la lengua se refiere al idioma, mientras que el habla al uso que se le da, según el contexto.

Pero la postura del llamado padre de la lingüística moderna era muy estática. Su enfoque era más bien el de su funcionamiento; no iba más allá de interpretar un sistema. Esta visión puede contrastarse con la de Charles Sanders Pierce, quien afirma: «Un signo o representamen, es algo que, para alguien, representa o se refiere a algo en algún aspecto o carácter. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o, tal vez, un signo más desarrollado. Este signo creado es lo que yo llamo el interpretante del primer signo. El signo está en lugar de algo, su objeto. Está en lugar de ese objeto no en todos los aspectos si no sólo con referencia a una suerte de idea, que a veces he llamado el fundamento del representamen». La percepción que tiene una persona de la realidad está ligada a su lenguaje y el uso que le da, por medio del habla.

La visión de Pierce, además, divide el signo en tres clases: índices (que tienen una relación física con el objeto), íconos (que son representaciones) y símbolos (tienen una conexión más abstracta, pero también más representativa).

En la película V de Vendetta, basada en la novela gráfica escrita por Alan Moore e ilustrada por David Lloyd, “V”, su personaje principal, cuando está por volar en pedazos el edificio del Parlamento británico, afirma: «El edificio es un símbolo. El acto de destruirlo también. El pueblo da poder a los símbolos. Solo, un símbolo no significa nada, pero con bastante gente volar un edificio puede cambiar el mundo».

Lo mismo sucede con el lenguaje. Comprender el signo como la unidad capaz de ser percibida y, a su vez, otorgar una concepción de del poder del lenguaje y su uso.

El lenguaje que invisibiliza a las mujeres

El lenguaje es un proceso de comunicación espontáneo y adaptativo; también posee una estructura científica formal que, por medio de combinaciones, permite que exista. A diario lo usamos, sobre todo, en su tipo humano (secuencias sonoras, signos, señas o gráficos), el cual, además, requiere de un contexto para utilizarse.

Evoluciona constantemente. Y, en su forma natural, lo hace acorde a la época; a una gama amplia de contextos socioculturales. Por esa razón, muchos críticos del lenguaje incluyente, lo consideran como una imposición y, a su vez, como una deformación del mismo.

Pero no se trata de un mal uso ni mucho menos de algo similar a un lenguaje totalitario , por ejemplo.

¿Cómo el español se ha convertido en un lenguaje machista?

Como construcción espontánea, la lengua debería ser neutral; no contener ninguna característica ideológica de ningún tipo. Pero a veces no requiere sólo de una estructura conformada a partir de la sintaxis, fonética y léxico; requiere además de comprender la visión filosófica del mismo.

Hay idiomas, como el chino mandarín, en los que no existe género; fluye desde una composición léxica bastante rígida, que no lo permite. Muchas de sus construcciones son más bien analíticas. Para el español, en contraste, sí existe el género y su uso clásico gramatical, pone por encima al género masculino.

De acuerdo con el Diccionario panhispánico de dudas, de la Real Academia Española (RAE), como parte de su “economía del lenguaje” propone el uso universal del masculino.

«En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos» .

Esto condiciona un sinfín de posibilidades y formas en las que, haciendo uso de esa misma “economía”, pueden redactarse enunciados sin la necesidad de hacer a un lado el género femenino.

Por ejemplo, veamos el siguiente cuadro : Se puede observar que existen variantes, por medio de sustantivos colectivos, es decir, que no requieren de un género, para expresarse sin la necesidad de hacer uso de una forma sexista de expresión.

Por otro lado, si vemos la postura planteada por Charles Sanders Pierce, quien considera el problema del lenguaje como una forma en la que las personas perciben su realidad, aspectos como el uso del masculino genérico son indicativos de que el mismo idioma hace a un lado a la mujer.

Más allá de su construcción gramatical, el lenguaje posee una filosofía, generalmente otorgada por los hablantes. Ésta, además, es el reflejo de la vida cotidiana de quien da forma al habla.

Más allá de un sistema: comprender el poder del lenguaje

El problema del lenguaje ha sido estudiado desde diferentes puntos. La mayoría, desde su funcionalidad. Pero no sólo se trata de una ciencia: consiste en diferentes sistemas que permiten una comunicación eficiente.

Además, otorga un significado a lo que percibimos a diario. El lenguaje también es poder. ¿Por qué?

El escritor Amos Oz escribió un ensayo llamado Contra el fanatismo, en el cual escribe: «los palestinos y otros árabes tenían verdadera dificultad para pronunciar la sucia palabra ‘Israel’. Solían llamarlo la ‘entidad sionista’, la ‘criatura artificial’, la ‘intrusión’, la ‘infección’, aldaula al-mazuuma (el ‘Estado o ser artificial’)».

En la serie juvenil de Harry Potter, por otro lado, la escritora J.K Rowling llama El que no debe ser nombrado a su personaje antagónico. Ambas frases dan crédito a la siguiente premisa: lo que no se nombra, no existe.

El español mantiene la tendencia al masculino genérico. En su orden espontáneo, el lenguaje no puede ser discriminativo, ya que en ocasiones otorgar un género es inevitable para emitir un mensaje. No obstante, hay formas abstractas en las que se da prioridad al masculino.

El significado y significante de los que habló Saussure toman forma aquí. Al tener una gramática que, por ejemplo, cuando desconoce el género de a quien se refiere utiliza el masculino por encima de la construcción abstracta que tiene un colectivo, da la pauta para que la imagen acústica que se tiene, haga a un lado la visión de la mujer. En otras palabras, nuestra misma construcción visual es sexista. Es sexista porque hace uso del masculino por encima del femenino aun cuando no es necesario.

¿Puede la gramática ser incluyente?

Para su construcción, el lenguaje necesita de una sintaxis, léxico, fonética; de una gramática. Por ejemplo, para el uso del lenguaje incluyente uno de los debates más constantes es el que se refleja en el uso de artículos o cortesías.

Por ejemplo, para enviar un correo electrónico que diga:

Estimados,

Se les informa que a partir de la próxima semana…

El uso del masculino genérico puede obviarse por medio de guiones o paréntesis.

Estimados(as)

Se les informa que a partir de la próxima semana…

En el caso del uso de artículos, no es deformación del lenguaje hacer uso de las y los; lo único que se debe cuidar es la concordancia entre el último y el sustantivo.

La sustitución de la o u a por medio de una x, para evitar el uso del género es incorrecta. Posee tres sonidos: el más conocido es el de ks, que es en su forma natural. También puede sustituir a la j, o bien como sh cuando se trata de topónimos procedentes de lenguas precolombinas.

Para el uso del lenguaje incluyente también debe existir concordancia con su gramática.

La visión sexista del lenguaje

Para finalizar este trabajo, también se sugiere analizar las construcciones sociales que se le otorga a ciertas palabras, en su género femenino, que demuestran el idioma español posee la tendencia al machismo.

Un mensaje, para que pueda entenderse, requiere de un contexto, éste permite su construcción visual y de significado. Pero puede variar y, en español, sucede constantemente cuando una palabra pasa de masculino a femenino. Por eso, es importante considerar la filosofía del lenguaje.

Foto: Santiago Billy, Comvite