Hoy dejaste de acecharme

Esta es la historia de lo que callé por 15 años.

Durante siete años sufrí abuso sexual.

Todo empezó cuando tenía ocho años. Mi abusador llegó a mi vida con piel de oveja, un apuesto joven.

Mi familia le abrió las puertas y los brazos de par en par.

Jamás me penetró, pero me robó la inocencia y la magia del primer beso, el cual me obligó a darle cuando yo tenía unos 10 años. Y la primera vez que tuve un pene frente a mí, fue el suyo. Cuando me lo mostró, yo tendría unos 13 años. Él era un adulto.

Sus dedos manosearon mi vagina muchas noches y mañanas, cuando él decidía irrumpir en mi habitación y despertarme con el dedo en la boca: “Shhh, no digas nada, es nuestro secreto. Igual te gusta, igual nadie te va a creer, igual te estoy haciendo un favor”.

Mi silencio duró desde el final de mi niñez hasta el principio de mi adolescencia. Cuando por fin hablé, él volaba libre y lejos de mi entorno. No hicimos nada, no acudimos a la policía, no pusimos denuncias. No pienso juzgar a mi familia, ellos también callaron y no actuaron, pero una adolescente sin pruebas les estaba diciendo que durante años la habían manoseado, y que ella había decidido quedarse callada.

Reconozco que me da rabia no haber hecho nada, pero si me quedé callada, no fue por “poco interés”, como un periodista español que radica en el país dijo una vez en su programa radial, acerca de casos similares. Fue por miedo, inocencia y manipulación.

Durante los últimos 15 años, sólo mi mamá, mi hermana y mi mejor amiga sabían lo que pasó. Nunca recibí ayuda profesional; sentía que si “controlaba” la información, si mantenía el secreto, mi agresor no tendría más poder sobre mí, y mis relaciones serían placenteras y normales. Pero no siempre fue así.

Cuando empecé mi primer trabajo como periodista, mi editor en ese momento me pidió que realizara un reportaje especial sobre abuso sexual. No pude hacerlo. Debo decir que respetaron mi petición y que dieron instrucciones de hacerlo a una colega. Pero de alguna forma, la razón por la que no hice el especial se filtró a mi siguiente trabajo, donde algunas personas me calificaron de “amargada” y “traumada por haber sido abusada” en mi niñez.

Hoy rompo el silencio. Hoy mi abusador deja de tener poder. Hoy también dejan de tener poder quienes me señalaron, hablaron a mis espaldas y me culparon. Hoy el dedo les apunta como parte del problema: abusadores. Ya no más, nunca más.

A mi hermana mayor, gracias por creerme y apoyarme. Ella fue víctima de él también.

Y a mi abusador le digo: a partir de hoy, ya no es “nuestro secreto”.

Tags from the story
, , , ,

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *