Llorar es de niños (y de niñas también)

Se ha tratado de mantener la premisa de que ser “emocional” es cosa de mujeres, y que cualquier hombre que lo sea no es digno de llamarse así. Esto está a veces tan inscrito dentro del inconsciente que resalta en nuestro lenguaje cotidiano, en expresiones como “aguante como hombrecito”, “no llore como nena” y “hágale huevos”, entre otras.

Hablo de hijos hombres porque soy mamá de un hijo hombre, y no porque crea que la salud emocional de las niñas sea menos importante. Creo que la salud emocional de niños y niñas es importante, independientemente de su género. Sin embargo, ser mamá de un niño me ha hecho interesarme y adentrarme más en este aspecto.

Durante mucho tiempo, nos quisieron hacer creer que el hombre era el “sexo fuerte” y la mujer, el “sexo débil”. Afortunadamente, creo que poco a poco estamos comprendiendo que esto no es así: ambos sexos tienen sus fortalezas y sus debilidades, cada individuo tiene las que tiene.

Esta polaridad es necesaria para la construcción y mantenimiento de nuestra sociedad, y sobre todo de nuestra salud mental. Una persona que vive en más armonía y consciente de lo que es (lo “bueno” y lo “malo”) tendrá una mejor aceptación de sí misma, y por ende será más emocionalmente estable y feliz, ¿y no es acaso eso lo que al final todos queremos?

Como seres humanos, todos tenemos un área emocional. Todos tenemos la necesidad de que ésta área sea trabajada, cuidada, escuchada y ejercitada, y esto empieza desde una edad muy temprana.

Se ha tratado de mantener la premisa de que ser “emocional” es cosa de mujeres, y que cualquier hombre que lo sea no es digno de llamarse así. Esto está a veces tan inscrito dentro del inconsciente que resalta en nuestro lenguaje cotidiano, en expresiones como “aguante como hombrecito”, “no llore como nena” y “hágale huevos”, entre otras.

Sin darnos cuenta (o bueno, tal vez incluso intencionalmente) hemos privado a nuestros hijos hombres de vivir su emocionalidad sin culpas. Y lo peor de todo es que lo hemos hecho bajo el estandarte de “es por su bien”.

No estoy diciendo que hombres y mujeres somos exactamente iguales (no estoy hablando de derechos, sino de biología y fisionomía), o que no existen diferencias de género (porque las hay), o que somos una especie de individuo generalizado, o que no nos diferenciamos los unos de los otros.

Porque la realidad es muy distinta: por supuesto que existen diferencias biológicas, las cuales hacen que seamos “a grandes rasgos” distintos. Pero estos aspectos que nos diferencian están igualmente presentes en hombres como en mujeres; negarlos no ayudará a nuestra construcción integral como seres humanos. Mientras más conscientes seamos de nuestra emocionalidad, mejor podremos manejarnos y mejor inteligencia emocional tendremos, mejor manejo del enojo, de la frustración, de la tristeza, etc.

¿Qué significa ser conscientes de nuestra área emocional? Significa saber que tenemos derecho a sentirnos como sea que nos estemos sintiendo, que tenemos derecho a expresarlo de una manera segura, que no lastime a otros ni a nosotros, y que esto no nos hace menos ni más.

Para que esto pueda ocurrir, debemos perder el miedo a las emociones de nuestros hijos, que pueden llegar a ser explosivas e intensas según la edad, principalmente a causa de su desarrollo cerebral, bastante inmaduro hasta aproximadamente los 23 años.

Sí, 23: el neocortex termina de desarrollarse aproximadamente a esa edad.

Es cierto que no debemos volverlos víctimas de sus emociones, pero esto no se logra al ignorarlas, sino al acompañarlos en la montaña rusa de las mismas.

Y especialmente, debemos dejar de decirles que llorar es de niñas.

Conozco a muchos adultos mayores de 23 años que pierden el control de sus emociones e impulsos. Entonces, ¿por qué extrañarnos de reacciones intensas y emociones en niños?

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Esposa y mamá. Neuropsicóloga de profesión, pero amante del arte, la danza, leer y escribir.

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