Los hábitos “saludables” dañaron mi fertilidad

Durante años fui “la amiga saludable”. Dormía temprano para correr 16k diariamente, elegía ensaladas en lugar de hamburguesas, me abstenía del alcohol.

A los veinte empecé a correr y mi meta era ser más veloz y mantenerme delgada para que nada interfiriera con mi velocidad. Correr y comer “saludable” me dio un cuerpo que amaba, me ayudó a aliviar el estrés y a sentirme fuerte. También incrementó mi confianza, o al menos eso pensaba.

Estaba orgullosa de mis músculos, y estaba segura de que mi estilo de vida me mantendría saludable sin importar lo que la vida me lanzara. Esto era lo que las revistas, los libros, los blogs e incluso los doctores y nutricionistas parecían prometerme.

En 2014 dejé los anticonceptivos para embarazarme. Estaba en mis 30, mi esposo y yo habíamos estado casados durante 3 años, teníamos una casa y carreras profesionales sólidas. Estábamos entusiasmados por añadir a un miembro más a nuestra familia.

Con mi dieta saludable y mi rutina de ejercicios, supuse que me embarazaría fácilmente. Correría y comería muchos vegetales verdes durante la gestación. Después tendría un hermoso parto y un hermoso bebé.

Pero mi periodo nunca regresó. Al principio pensé que estaba embarazada. Sin embargo, después de docenas de pruebas de embarazo negativas, pude decir con firmeza que no lo estaba. Luego de muchos meses de no tener mi menstruación, empecé a preocuparme.

Hablé con mi doctor sobre esto, le describí mis hábitos alimenticios y mi rutina de ejercicios. Me hizo algunos estudios de sangre sin parecer preocupado. En algún punto incluso me dijo: “No vayas a subir mucho de peso”, a pesar de que mi Índice de Masa Corporal estaba en menos de 18 (debajo de lo que se recomienda saludable).

La única sugerencia que me hizo fue que le añadiera grasas buenas a mi dieta (pero no muchas). Dejé su consultorio sintiéndome más perdida que cuando entré.

Me sentía profundamente alarmada por no tener mi periodo. Sabía que no tenía posibilidad de concebir un bebé sin estar ovulando o menstruando. Además, el ciclo menstrual es un indicador de salud; el no tener uno claramente indicaba que había algo que andaba mal. Antes de comenzar a tomar pastillas anticonceptivas a los 18, yo había sido muy regular, así que asumí que al dejarlas mi ciclo menstrual comenzaría de nuevo, 12 años después.

En 2015 aún no tenía ninguna señal de mi periodo. Así que investigué y fui a ver a un endocrinólogo reproductivo para obtener respuesta. Allí, por fin me diagnosticaron: tenía amenorrea hipotalámica.

Eso es lo que pasa cuando tu cuerpo deja de menstruar por un peso deficiente, poca grasa corporal, no comer suficientes calorías, estrés emocional o ejercicio agotador.

Ya había leído antes en línea algo sobre la amenorrea hipotalámica. Sospechaba que tal vez  era a lo que me enfrentaba, pero no quería admitirlo. Me decía a mí misma que era algo que sólo afectaba a los atletas profesionales, y que con mis hábitos saludables no podía sucederme a mí.

Después del diagnóstico tuve que aceptar que tenía amenorrea hipotalámica. Esto significaba renunciar al ejercicio extenuante y sustituirlo por yoga y caminatas, dejar muchos de mis hábitos alimenticios “saludables” (comenzar a comer yogurt y helado normales, no sólo lácteos bajos en grasa), y dejar el control.

También significó aceptar que no podría embarazarme pronto. No desarrollas amenorrea hipotalámica en un día, ni te recuperas de un día a otro. Se requiere de tiempo, paciencia y confianza. Algunas personas vuelven a tener sus ciclos rápidamente después de hacer estos cambios, otras nunca se recuperan.

No obstante, la parte más dura -más difícil que dejar la actividad física y cambiar mis hábitos alimenticios- fue el aspecto emocional de ser diagnosticada con amenorrea hipotalámica.

Me hizo sentirme apenada, avergonzada, sola, fuera de control y como si me hubiera fallado a mí misma y a mi esposo.

El diagnóstico también sacó a relucir mi lado perfeccionista en todas las áreas de mi vida, incluyendo el trabajo. Los estándares altísimos a los que estaba atada no me estaban haciendo ningún favor, así que era hora de dejarlos ir.

Los meses posteriores al diagnóstico no han sido fáciles y todavía sigo trabajando en ello. Pero con la ayuda de un programa de cuerpo-mente, en el que he aprendido a meditar y a practicar el mindfulness, he sido capaz de hacer los cambios en mi estilo de vida que tanto necesito para recuperarme.

Ya no hago ejercicio extenuante, como lo que mi cuerpo necesita para nutrirse, reduje mi tiempo de voluntariado y las obligaciones de trabajo que me producen estrés. Me estoy dando tiempo para verdaderamente cuidar de mí misma.

Con la guía de mi doctor y mi nutricionista, mi IMC ha incrementado a un rango más saludable. Mi doctor cree que esto me ayudará a tener mi período de nuevo y a quedar embarazada.

Desde que hice estos cambios tengo mucha más energía. Ya no tengo frío todo el tiempo (uno de los efectos secundarios de no tener grasa corporal) y duermo mucho mejor. Y a pesar de que ahora lidio con la infertilidad, estoy mucho menos ansiosa porque tengo las herramientas —meditación y mindfulness— para lidiar con el estrés. De algún modo, me siento una persona completamente diferente, aunque en realidad tal vez sólo me siento más como la ‘yo’ real.

No le desearía amenorrea hipotalámica ni infertilidad a mi peor enemigo. Pero sé que el viaje en el que me encuentro me hará una mejor madre, porque ya me hizo una mejor hija, hermana, esposa y amiga ante los demás y ante mí misma. Aún no he recuperado mi ciclo, pero sé que estoy en el camino correcto. Y cuando lo tenga, realmente sabré cómo es se ve y se siente “ser saludable” y velaré por brindarle esa salud a mi cuerpo diariamente

Mujer de 34 años en su testimonio a Life Steps Nutrition.