Vos también sos feminista

Sos una persona racional y con suficiente sentido común como para saber que el lado correcto de la historia es aquel en donde los hombres dejan de acaparar espacios.

No sabemos con certeza cómo fue el momento en el que los humanos descubrieron el fuego. No sabemos si fue un hombre o una mujer quien lo descubrió. Si fueron las mujeres, tampoco sabemos si fue en el contexto de la cocina, de la caza o la guerra. No sabemos mucho al respecto. Lo que sí sabemos es que, desde entonces, los hombres decidieron acaparar los espacios relacionados al manejo de recursos importantes como el fuego, las herramientas para la guerra y la caza, el petróleo, el agua, la tierra, etc.

El hecho que no sepamos con claridad si fueron los hombres o las mujeres, o ambos, quienes impulsaron el motor de cambio en diferentes momentos de la humanidad, es intencional. Sí, intencional, a propósito, con el afán de posicionar al hombre sobre la mujer. ¿Con qué propósito?

Hasta el día de hoy no encuentro una explicación racional. Además del espacio doméstico, los hombres supieron acaparar importantes espacios de poder en la comunidad, en la iglesia, en el gobierno, etc. Uno de estos espacios acaparados es tan sutil que cuesta identificarlo: la oportunidad de documentar y contar la historia.

Acaparar la historia

La versión “oficial” o “mainstream” de la historia la escribieron y contaron hombres. Basta con ir a Google para conocer qué le pasaba a las mujeres que trataban de participar en los espacios relevantes para contar la historia desde otro punto de vista en los siglos pasados.

Y es que la historia de un mismo hecho varía en función de quién la cuenta, desde el espacio en el que la cuenta y desde el “entendimiento” en el que la cuenta. Un ejemplo al respecto lo ofrecen las mujeres Cherokee que habitan en el territorio que hoy conocemos como Estados Unidos– ese mismo donde ahora un hombre blanco y prepotente espera construir un muro para aislar a los otros blancos de los latinos. Para las generaciones antiguas de cherokees, las mujeres estaban íntimamente asociadas al maíz. De hecho, la misma palabra “selu” significa “maíz” y “mujer” a la vez. Como lo explica Theda Perdue en el libro Sifters: Native American Women’s Lives , el maíz era central para la identidad Cherokee, mismo que las mujeres plantaron, cosecharon y cocinaron.

La versión “oficial” o “mainstream” de la historia la escribieron y contaron hombres.

Si la mujer era tan importante en estos contextos, ¿por qué no conocemos esa parte de la historia? Bueno, solo piensen que llegaron los europeos a invadir y, por conveniencia, omitieron esa parte de la historia cuando empezaron a contarla al mundo exterior. Noten cómo son los europeos quienes escriben y difunden la versión de los hechos, desde su perspectiva, y nos los nativos americanos. A menos que estuviéramos motivados por interés personal o por curiosidad, nunca nos enteramos de la versión de la historia contada desde los nativos de los territorios arrasados en guerras o invasiones; y mucho menos nos vamos a enterar de la historia contada por mujeres en estas localidades. No, no, no.

Hasta que vino Disney y nos hizo el favor de llevar Pocahontas al cine. Y para más fregar, la convirtieron en una película para niños y niñas.

No les voy a contar la verdadera historia de Pocahontas. Les queda de tarea. Sólo les adelanto que es una historia de abuso en contra de la mujer en muchos sentidos. Lo que sí les cuento es que Pocahontas versión Disney miente. Pocahontas nunca se enamora de Smith, no hubo romance prohibido y el papel de la joven cherokee en la historia no se reduce a su capacidad de enamorar a un europeo. Por el contrario, Pocahonatas jugó un papel importante negociando los intereses de su tribu con los europeos y murió alrededor de los veinte años, después que Smith la secuestrara para usarla como instrumento de soborno a cambio de armas y provisiones.

via GIPHY

La historia que cuenta Disney es una de la legitimización de identidad de los hombres-blancos-europeos con “buenas intenciones” que invadieron el territorio de los Cherokee con el afán de fundar una nueva nación– el parecido con nuestros “próceres de la independencia” no es coincidencia. El daño que esto provoca en el mundo exterior es que, hasta el día de hoy, Pocahontas es el referente de muchas personas del proceso de “mestizaje” impuesto en Estados Unidos.

Regresando al punto, para los Cherokee la mujer era importante. Tan importante como el maíz pero no más importante que el hombre; a pesar que tenían el poder de destronar al jefe de la tribu cuando este no cumplía con su deber. Sin embargo, aunque las mujeres sembraban, cosechaban y cocinaban, no podían tomar decisiones respecto a la distribución del maíz en la comunidad. Tampoco podían decidir respecto a la administración de otros recursos naturales como la tierra, el agua, etc. No hay que tener tres dedos de frente, como dicen por ahí, para entender que la mujer fue relegada a la cocina, a la familia y a la maternidad. ¿Cómo se sintieron las mujeres Cherokee al respecto? No sabemos. Y la verdad, a menos que nos dediquemos a la arqueología de la tradición oral con las generaciones de Cherokee actuales, nunca lo sabremos. ¿Por qué? Porque solo se difundió la versión de la historia contada por los hombres blancos interesados en colonizar y acaparar territorio.

Así como pasó con los Cherokee, pasó en la mayoría, si no todos, los grupos de humanos en el mundo. Karl Marx, todos los Smith, e incluso Freud analizaron el mundo desde el entendimiento de un mundo para hombres. Como diría Marcela Lagarde, son versiones androcéntricas de la historia. Y tiene razón.

Cuando el rol de la belleza, el matrimonio y maternidad no fueron suficientes, entonces el afán de los hombres se centró en la dominación basada en el sexo: decirle a las mujeres cómo, cuándo, dónde y con quiénes pueden y no pueden casarse y/o tener sexo; normar el contexto en el que pueden expresar su sexualidad y la forma de hacerlo; y lo más importante, imponerles la carga de la maternidad como la única alternativa para ser “felices”. Este es un a,b,c muy básico de la filosofía feminista de Simone de Beauvoir, a quien también puede buscar en Google.

Construir un mundo incluyente

La serie de ideas y acciones– activismo político– relacionadas con visibilizar que la mujer ha estado subordinada desde siempre encontraron voz en el feminismo. O como les gusta decir a los hombres y mujeres que se identifican más con el hombre-blanco-europeo blanco que con Pocahontas: “feminazis”. Sí, lamento decepcionarlos y decepcionarlas pero el feminismo no tiene agenda oculta más que analizar las maneras en las que la subordinación afecta la autonomía de las mujeres; proponer políticas públicas que luchan en contra de esta subordinación; y procurar construir un mundo en el que futuras generaciones puedan contar la historia de la humanidad desde múltiples realidades.

El feminismo es un movimiento personal, doméstico, político, académico, artístico, cultural, religioso y social al mismo tiempo. Y es un movimiento de cual participamos la mayoría de personas que encontramos ilógico que, por ejemplo, sean los parlamentos dominados por hombres quienes legislen sobre el cuerpo y sexualidad de las mujeres. Misma irracionalidad que vemos en las juntas directivas dominadas por hombres quienes deciden sobre recursos que hombres y mujeres producen por igual. Misma irracionalidad que vemos en las prácticas abusivas de instituciones cuando deciden opinar y gobernar en contra de mujeres que deciden no tener hijos, no casarse o cuya orientación sexual no es la “esperada” según los valores promovidos por las instituciones.

Vos también sos feminista

Hasta este punto no les había dicho cuál era el punto escribir en este espacio. Y…¡oh sorpresa! el objetivo es acompañarte en el proceso de reconocer que vos también sos feminista. Sí. Pero no te asustés.

Significa que sos una persona racional y con suficiente sentido común como para saber que el lado correcto de la historia es aquel en donde los hombres dejan de acaparar espacios.

Ser feminista es darte que cuenta que algo tiene que estar mal cuando en tu casa te dejan regresar bolo a la hora que sea por ser hombre, pero tu hermana no puede ni soñar con hacer lo mismo.

Pareciera que poco hemos avanzando en diferenciarnos del europeo que secuestra adolescentes Cherokee para negociar recursos. Bueno… si insistís con negar que cualquier persona puede ser feminista, empezá por solidarizarte con las mujeres que lo ejercen y, por ejemplo, dejá de decirles “feminazis”.

Si no estás en desacuerdo con ellas, o conmigo, empezá por platicar y conocer más al respecto de nuestras posturas. Lo mínimo que sacás del intento es más conocimiento sobre la historia, la política, la sociedad.

Con este espacio ni el “feminismo” ni yo tenemos agenda oculta más que contribuir a construir un mundo incluyente para las mujeres. Sí, mujeres como tu mamá, hermana, tus hijas y todas las mujeres que admirás.

Esas mujeres a quienes seguimos subordinando a espacios inferiores a los hombres por hecho de ser mujeres. Así de irracional el mundo. En los próximos meses les daré ejemplos de cómo los hombres hemos logrado invisibilizar a la mujer, afectando su desarrollo humano y generando consecuencias negativas para toda la sociedad.

via GIPHY

Written By

“We thought we had hit rock bottom, and then someone knocked from below” ~Masha Gessen [russian joke] / antropólogo de profesión y oficio.